Noche de locura

Otra tarde más, lo mismo de siempre, las mismas personas, las mismas caras, los mismos ojos fisgones… Pero algo había de especial en esa tarde. Tenía ganas de comerme el mundo. Tenía ganas de salir arreglada, sexy, provocativa… Y así es como estaba.
Vestida con unos shorts bastante cortos negros, camiseta roja con escote de vértigo y la espalda abierta y unos minis zapatitos del mismo color que la camiseta es como se encontraba Yurena delante del espejo. Su melena negra le cubría parte de la espalda al descubierto y sus ojos verdes brillaban de ganas por salir a la calle y pasarse toda la noche bailando y riendo.
-Ésta es la noche, guapa –se dijo a si misma con una extraordinaria sonrisa.
No iba muy maquillada. Una pequeña sombra negra hacia que sus ojos marrones oscuros, parecieran unas bonitas gotitas de miel en su cara y el color de sus labios, rojo, los hacia más jugosos y apetitosos. Desde luego, esa noche, alcanzaría lo que tanto había esperado. Su hombre.
Cogió su bolso y con andares de modelo profesional, salió de su pisito en el centro. La noche estaba perfecta. Podían verse todas las estrellas existentes en el universo y no hacia frío para tener que tapar su voluptuoso cuerpo.
-Oh… No deberías andar sola en una noche como esta y vestida así… hay muchos peligros por ahí, morena –se oyó por detrás de ella mientras caminaba.
Yurena dejó de andar lentamente reconociendo esa voz al instante. Esbozó una pícara sonrisa y se giró para encarar al hombre de esas temibles palabras.
-¿Peligros? Sólo veo un peligro esta noche, Ithan.
El macho se había ido acercando a ella lentamente, con esa sonrisa desgarradora en los labios. La había mirado de arriba abajo, deleitándose con esas piernas largas, perfectas para enredar las caderas de un hombre hambriento.
-¿Yo tal vez? –el hombre ya estaba a unos centímetros de ella, mirándola a los ojos.
Quería ponerla nerviosa como siempre, pero en aquellos momentos, Yure no tenía intención de dejar que fuera como las otras veces que se sonrojaba, discutían, se pegaban… Amenazaban con besarse y, una vez más, se giraba sin haber rozado esos labios morenos que le gritaban.
-El peligro de esta noche… -Yurena dio un paso hacia él, sonriente, demasiado sonriente- soy yo –acabó por decir pasándole un dedo por el pecho.
-Tú siempre eres un peligro.
-Gracias.
Y sonriendo, se volteó de nuevo para seguir con su camino, oyendo los pasos inconfundibles de los playeritos de marca del macho detrás de ella. Yurena movía las caderas con intención de que no pudiera apartar la mirada de su trasero y, por los suspiros que le llegaban a los oídos, estaba segura de que lo había conseguido.
Los demás estaban esperando en el mismo sitio que siempre. Sonrientes y haciendo bromas.
-¡Ey! –gritaron al verlos- Joder macho, ni que hubieses corrido la carrera de San silvestre… -dijo John dándole una palmadita en la espalda en forma de saludo.
Yurena había ido a saludar a los demás con dos besos como hacía siempre, felicitando a todas sus amigas por los modelitos de esa noche. Esperaba sinceramente, que ninguna de ellas se llevara algo de lo que estaba dispuesta a apropiarse esa noche.
-Ya te contaré… -susurró Ithan a su amigo mirando las largas piernas de la morena.
-¡Claro que si!
John había seguido la mirada de su amigo y ahora rompía en carcajadas mientras le daba varias palmaditas en la espalda a Itan. Maldito fuera, se dijo el macho mirándolo con el ceño fruncido. Sabía cómo venía y qué le pasaba, y encima se reía. Tenía narices la cosa. Ni sus propios amigos se compadecían un poco de él.
Ithan saludó a los que le quedaban, elogiando a las chicas, por supuesto. Al parecer, todas ellas habían salido vestidas para dar guerra esa noche. Especialmente, una de ellas. La que hacía que no moviera sus ojos de ella…
-¡Eh! –Gritó Teresa desde detrás suyo- Que estás embobado hoy, hombre.
-Si… bueno… es que no estoy muy bien… -mintió él mirando a Tere con cara de compasión para dar penita.
-Ohhhh, mi pobre morenito –exclamó ella saltando hacia él, rodeándole el cuello con los brazos.
-Si si… pobre morenito… -susurró Yure pasando a su lado y pellizcándole el trasero, lo que hizo que diera un pequeño brinco separándose de Tere.
El macho miró varias veces a su alrededor buscando a la culpable, pero había desaparecido. Ya no estaba en la calle, como muchos de sus amigos. Cabrona… Se iba a enterar, se dijo Ithan mientras cogía a Tere de la mano para alcanzar a los que ya se habían ido buscando fiesta.
-¡Muévelo Yure! –gritaban sus amigos desde abajo mientras la morena se contoneaba al ritmo de la música en la gogotera de la discoteca.
Ahora sonaba reggeton y Yure había aprovechado la canción para hacer que uno de los hombres que había abajo se pusiera a sudar. Sabía que la estaba mirando y eso la animaba sobremanera a continuar con los contoneos.
Pasó una y otra canción, hasta que por fin, la chica decidió bajar de la tarima. Tenía la boca seca y quería saber la opinión de Ithan de cómo se movía… Tenía claro que no iba a elogiarla, pero se divertiría al ver rabia y deseo en sus ojos. Sólo él podía mezclar esas dos sensaciones. Y a ella, le encantaba.
-¿Qué? ¿Cómo me has visto? –había tenido que gritar para que la escuchara.
-Mmmm….
-¿Tanto tienes que pensar? –Yure le dio un empujón juguetón haciéndose la ofendida- No tienes remedio… no sabes elogiar a una mujer Ithan, así te irá…
La chica tenía intención de girarse para ir a la barra a pedirse un martini, pero el gran hombre la cogió del brazo haciéndola girar hacia él, pegándola a él. Pasó las manos por sus brazos, desde sus hombros hasta las manos, apretando estas últimas contra su espalda.
-¿De qué serviría que te dijera algo bonito, Yure?
Yure clavó sus ojos en él a la vez que forcejeaba para soltarse de sus manos, para poder escapar y respirar tranquila. A su lado eso era imposible. Y definitivamente, la magnifica idea de ir a preguntarle por el baile, había fracasado. La que sufría ahora era ella.
Clavó de nuevo sus ojos en él con el ceño fruncido.
-Suéltame –susurró con los dientes apretados.
-Contéstame.
Ithan estaba inclinado sobre ella, susurrándole al oído y mordiéndole el lóbulo de la oreja. Eso que tanto le había prohibido ella y tanto había él insistido.
-¿Me bailarías de nuevo?
-¿¡Qué!? –forcejeó un poco más, sin ningún éxito, Ithan mantenía más apretado el agarre- Ah… no… yo… bueno, sólo quiero mejorar… ya sabes…
-Sí, ya sé.
Ithan la soltó alejándose de ella unos pasos. Su cuerpo se había alejado, pero no sus ojos. Esos ojos marrones que la hacían enloquecer la estaban devorando de arriba abajo sin ningún miramiento. Tenía una sonrisa maliciosa en los labios que no le gustaba nada a Yure. Temía esa sonrisa. Así que con un movimiento con mucho brío de su cabeza hizo que su melena negra se ondulara hacia él y se giró desapareciendo entre la gente para pedir el maldito martini doble que necesitaba en esos momentos con más urgencia que antes.